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Video onboard
y data acquisition: cómo convertir una vuelta grabada en información de análisis
No alcanza solo con grabar la vuelta. El verdadero
valor aparece cuando el video puede identificarse, organizarse

No alcanza solo con grabar la vuelta. El verdadero valor aparece cuando el video puede identificarse, organizarse y conectarse con la información de cada sesión.
Hace un tiempo ya que las cámaras on board dejaron de ser una novedad para transformarse en una herramienta habitual dentro de los equipos de competición. Sin ellas, es difícil tener referencias claras del momento de frenado a la entrada de una curva, la trayectoria trazada o el estilo de conducción. Pero sólo con grabar no alcanza, es apenas la primera parte del proceso. El verdadero desafío comienza después.
Cuando una tanda termina, empieza su reconstrucción: recoger las cámaras, tomar la memoria, descargar los videos, identificar la vuelta, recortar el exceso, relacionarla con otros datos de la sesión. Un proceso que toma tiempo, que pocas veces se tiene en medio de un fin de semana de actividad, y que no garantiza tener a mano el material cuando se lo requiera en otra ocasión.
Un problema de peso
Al momento de que el equipo deje sólo al piloto con el auto, ya las cámaras on board deben estar activadas. Para salir a pista, aún pueden faltar varios minutos. Lo mismo sucede cuando la actividad finaliza, y pasa tiempo hasta que el vehículo vuelve a ingresar a boxes para poder finalizar la grabación. De todo ese tiempo, sólo una parte es valiosa para el análisis. Multiplicado por distintos pilotos, autos, sesiones y días de actividad, el volumen de material crece rápidamente, y ese material ocupa espacio.
Eso afecta todo el flujo posterior: descargar los archivos tarda, copiarlos de una tarjeta a otra ubicación demora, subirlos a un servidor o plataforma lleva tiempo y compartirlos con otros integrantes del equipo también. Por eso, en muchos casos, termina apareciendo una solución práctica pero poco estructurada: los archivos quedan en discos externos, notebooks, tarjetas de memoria o carpetas con nombres puestos de manera apresurada. Tal vez durante ese mismo fin de semana todos saben a qué corresponde cada archivo. Tres meses después, encontrar el video correcto puede significar revisar carpetas, abrir archivos y reconstruir de memoria qué ocurrió en cada sesión. O bien puede faltar una tarjeta específica, un disco externo o no estar la persona que los guardó. El material sigue estando ahí, pero si no podés identificarlo y encontrarlo rápido, su valor se pierde.
La metadata puede ser tan importante como el video
Un archivo de video contiene algo más que imágenes. Dependiendo de la cámara y de su configuración, puede incluir metadata asociada a la grabación, como referencias temporales y datos provenientes del GPS. Información de hora, posición o ubicación puede ayudar a establecer cuándo y dónde fue grabado determinado fragmento. En motorsport, ese contexto puede ser especialmente valioso.
Si el video y los archivos de adquisición de datos comparten referencias temporales o de posición, es posible relacionar ambos mundos de manera mucho más eficiente. El onboard deja de ser simplemente una secuencia visual y puede vincularse con lo que ocurrió en pista durante esa misma vuelta. Ahí está uno de los grandes valores del Video Data: poder observar lo que hizo el piloto mientras se analiza qué ocurrió durante el giro. Dónde frenó, cuándo volvió al acelerador, qué trayectoria utilizó, cómo corrigió el auto, qué referencia tomó o qué ocurrió en ese sector.
Pero para llegar a ese punto, primero hay que conseguir que el video y la información de adquisición puedan encontrarse en el mismo momento. El GPS de una cámara onboard no siempre trabaja en condiciones ideales. Su funcionamiento puede verse afectado por la ubicación de la cámara, la estructura del vehículo y la posibilidad de recibir correctamente la señal. Una cámara instalada demasiado atrás o en una posición con poca exposición hacia el exterior puede tener más dificultades para registrar información de posición con la misma calidad.
Cuando esas referencias no están disponibles, o cuando el archivo pierde información relevante durante su procesamiento, el trabajo de sincronización puede convertirse en una tarea manual. Entonces comienza otro proceso conocido para cualquiera que haya trabajado con onboard: buscar un punto de referencia, encontrar la salida de boxes, comparar el comienzo de una vuelta, mover el video unos segundos, volver a mirar y ajustar nuevamente hasta conseguir que ambos registros coincidan. Se puede hacer. El problema es cuánto tiempo lleva hacerlo una y otra vez.
El onboard cobra valor cuando puede relacionarse con lo que pasó en pista
El video por sí solo es útil. Pero cuando lo contrastamos con el cronómetro, toma otra relevancia. En una vuelta donde se perdieron décimas en determinado sector, la cámara puede aportar qué fue lo que cambió en la conducta del piloto que explique ese delta.
Mirar una vuelta onboard puede ser útil. Pero analizarla dentro del contexto de una sesión es mucho más potente. Imaginemos que un piloto pierde tres décimas respecto de su mejor registro en determinado sector. El tiempo nos dice dónde apareció la diferencia. El video puede aportar otra capa de interpretación: quizás frenó unos metros antes, modificó la trayectoria de entrada, tuvo que realizar una corrección, no pudo utilizar todo el ancho de pista en la salida o el auto comenzó a comportarse de una manera diferente.
El onboard permite observar elementos que un número por sí solo no muestra: si el piloto estiró el lugar de frenado, si el comportamiento del auto varió, o si hubo alguna modificación en la trayectoria de ingreso o salida en una curva. Pero para hacer esa comparación de forma eficiente necesitamos saber exactamente qué video corresponde a esa vuelta. Ahí aparece nuevamente un concepto que se repite en buena parte del trabajo de ingeniería de un equipo: el dato aislado vale menos que el dato contextualizado. Un video sin referencia es simplemente un video. Un onboard vinculado con su piloto, evento, sesión, run y datos correspondientes se convierte en información de análisis.
La dificultad, además, no termina cuando finaliza la carrera. Un equipo puede acumular cientos de archivos onboard durante una temporada y ese material puede seguir teniendo valor mucho tiempo después de haber sido grabado. Antes de volver a un circuito, un piloto puede querer revisar sus vueltas del año anterior. Un ingeniero puede necesitar comparar cómo se transitó una curva con distintas configuraciones. Un piloto nuevo puede utilizar onboard anteriores como referencia para conocer una pista.
Pero para que eso sea posible, el archivo tiene que poder encontrarse. No alcanza con conservarlo. Hay que saber qué es, a quién pertenece, de qué evento proviene, en qué sesión fue generado, a qué run corresponde y, si es posible, poder llegar rápidamente a la parte que realmente interesa. Por eso, almacenar video y gestionar video son dos cosas diferentes.
Ingenieros, mecánicos, técnicos, pero también editores
No siempre necesitamos conservar y compartir el archivo completo para realizar un análisis puntual. Muchas veces interesa una vuelta, un conjunto de vueltas o un tramo determinado de una sesión. Ahí aparece otra tarea habitual: recortar. Pero nuevamente, el procedimiento suele realizarse fuera del entorno donde está almacenada el resto de la información.
El archivo se descarga, se abre con otra herramienta, se busca el momento correspondiente, se realiza el recorte, se exporta nuevamente, se comprime y finalmente se vuelve a subir o compartir. Son pequeñas tareas que, individualmente, parecen insignificantes. El problema es su repetición. Cinco minutos acá. Diez minutos allá. Otro archivo que hay que exportar. Otro que hay que localizar. Otra carpeta. Otra aplicación.
En un fin de semana donde el tiempo entre una tanda y la siguiente puede ser muy reducido, disminuir esas fricciones también forma parte de mejorar la operación del equipo. Existe además un detalle importante: procesar un video no debería significar necesariamente perder la información que permite relacionarlo con el resto de la sesión. Si durante un recorte o una conversión desaparecen las referencias útiles del archivo original, el resultado puede ser un video más liviano o más corto, pero también más difícil de sincronizar después.
Por eso, preservar la metadata relevante durante el flujo de procesamiento puede tener un valor considerable. No se trata solamente de producir un archivo visualmente correcto. Se trata de mantenerlo conectado con su origen. RaceData ofrece una solución a estas situaciones problemáticas, con su propia herramienta de edición.
La gestión de video onboard no está planteada simplemente como un espacio donde subir archivos. Forma parte del mismo sistema donde el equipo organiza la información de sus eventos, pilotos y sesiones.
RaceData permite trabajar con el material onboard antes de almacenarlo definitivamente: recortar el video, comprimirlo y subirlo directamente al sistema, reduciendo pasos intermedios dentro del flujo habitual de trabajo. El objetivo es que el equipo tenga que dedicar menos tiempo a preparar archivos y más tiempo a utilizarlos.
Además, durante ese procesamiento se resguarda la metadata necesaria del archivo para mantener las referencias que pueden utilizarse posteriormente en la sincronización con los archivos de adquisición de datos. Eso cambia la lógica. En lugar de tener un video por un lado y la información de la sesión por otro, ambos pueden formar parte del mismo contexto.
Cuando onboard y adquisición pueden relacionarse correctamente, el valor de ambos crece. El módulo Video Data permite vincular el material de las cámaras con la información de cada vuelta para comparar conducción, sectores, velocidad y referencias de cada run. De esta manera, onboard y adquisición dejan de ser dos archivos independientes que alguien debe sincronizar manualmente y pasan a formar parte de una misma lectura del rendimiento, para entender dónde se gana tiempo, dónde se pierde y qué está pasando realmente en pista.
La reconstrucción de las carreras, un elemento que marca diferencias
Un onboard grabado hoy puede ser una referencia dentro de seis meses. O la próxima vez que ese circuito sea visitado. Adelantarse al fin de semana y volver a observar dónde funcionó una técnica de conducción, o qué comportamiento hay que corregir para mejorar el rendimiento, pueden ser el factor determinante el día de la carrera. Para ello, hay que contar con el material a disposición. Cada video correctamente identificado y asociado a su piloto, sesión y evento contribuye a construir el archivo técnico del equipo. Del mismo modo que sucede con un setup, un registro de neumáticos o el feedback del piloto, su verdadero valor aumenta cuando puede recuperarse y ponerse nuevamente en contexto.
La próxima vez que el equipo regrese a ese circuito, no debería comenzar buscando en discos externos qué cámara contenía aquella vuelta. Debería poder encontrarla como parte de la historia de esa carrera. Esa es una de las ideas centrales detrás de RaceData: la información que genera un equipo no debería terminar dispersa en diferentes lugares y formatos, sino integrar un único ecosistema.
Gracias a las cámaras onboard registrar qué pasa dentro del auto de carrera se volvió cada vez más sencillo. Pero generó una nueva dificultad: cómo administrar todo ese material sin que sea un caos.
El desafío no está únicamente en grabar una vuelta. Está en poder identificarla, encontrarla, recortarla, procesarla, relacionarla con la adquisición de datos y conservarla dentro del historial técnico del equipo. Porque un archivo que nadie encuentra difícilmente pueda ayudar a mejorar una vuelta. En RaceData todo ese proceso se vincula entre sí, desde que el archivo sale de la cámara hasta que el video se compara con la información registrada en pista. Porque el onboard muestra qué pasó y los datos nos ayudan a medirlo. Pero sólo cuando se conectan es que el equipo tiene una herramienta para entender mejor la vuelta y encontrar dónde está el margen de mejora.
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